Entre viaje y viaje, aquí va un plato sencillo, jugoso y apto para el calor o el frío (como este final de verano ando algo loco…).
Importante el punto de cocción de las pechugas. Yo odiaba las pechugas de ave por lo secas que suelen estar, hasta que aprendí que, cocinadas muy lentamente, a fuego muy bajo y en su propio jugo o una cucharada de ayuda (caldo, vino o, simplemente, agua) son otra cosa.
Disfrutenlo. Y si sobra algo, pueden preparse unos estupendos sandwiches con buen pan de centeno tierno y fresco, si tienen la suerte de encontrarlo. Hay algunos que parecen ladrillos.
Ingredientes:
3 pechugas de pollo de corral
2 dientes de ajo
2 cucharadas de aceite de oliva suave
3 buenos tomates rojos
1 pizca de azucar
1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
1 cucharadita rasa de pimentón dulce
1 cucharadita de albahaca (mejor fresca) picada
unos “golpes” de molinillo de pimienta blanca
Espolvorear, con la pimienta blanca y el pimentón, las pechugas sin piel y límpias de venillas y grasa. Dejar reposar tapadas un buen rato en la nevera
Pelar los ajos, quitarles el tallo central y cortarlos en láminas. Poner a fuego suave una sartén antiadherente con el aceite y, cuando esté ligéramente caliente, echar los ajos y dejar que se hagan muy poco, justo hasta que adquieran un color marfileño cremoso y desprendan el olor característico y apetitoso de, por ejemplo, los platos vascos de pescado. Retirar rápidamente los ajos de la sartén y reservarlos en un platillo tapado.
En la misma sartén, poner las pechugas a fuego muy lento, dándoles vueltas varias veces hasta que estén hechas pero no secas (quedan mejor ligéramente rosadas por dentro), cuidando de que no se queme el aceite y añadiéndoles una cucharada de líquido, una vez doradas, si fuera necesario.
Sacar las pechugas de la sartén, dejar templar en una tabla -tapadas, para que no se sequen- cortar en filetes (con un cuchillo ancho y bien afilado), volver a poner en la sartén tapada y reservar retiradas del fuego.
Mientras se hacen las pechugas, pelar, retirar las semillas y triturar los tomates (con un robot o un pasapurés, incluso con un rallador, según guste la textura más o menos gruesa). Añadir el azucar y emulsionar (o casi) batiéndo el puré con el aceite de oliva virgen. Incorporar los ajos estofados.
Dar un último toque de fuego a los filetes de pechuga y ponerlos en una fuente de servir precalentada, regados con el puré de tomate templado (un momento en el microondas o un segundo al fuego en una sartén, sin que hierva). No calentar juntos, para que no cuezan. Espolvorear con la albahaca y servir o guardar en la nevera para tomar en frío.



laura dijo:
Octubre 9, 2007 a 11:27 am
con todo mi respeto,
este es un platillo tan complejo como para estar en un recetario de cocina?
oh.
sol dijo:
Abril 13, 2008 a 3:36 pm
Gracias, por sus recetas, tengo 17 años, y mi viejo es diabetico, y estoy a cargo de la cocina , la verdad sus consejos me re sirvieron, me gustaria mas recetas ( SIN SAL) pero de postres, y si fueran dulces qe sean light, gracias una vez mas y adios.
cocinadora dijo:
Enero 16, 2009 a 8:30 pm
hola linda receta