Es este un pescado que, como el pollo, fue alimento para fiesta o minorías y que, gracias a las piscifactorías, se va popularizando.
Si se pueden permitir una dorada “salvaje”, pues genial. Si no, no se priven por eso de probarla en una receta como la que va a continuación
Ingredientes:
1 dorada grande ó 2 medianas
1 cebolla
1 ó 2 bulbos de hinojo
1 dl. de vino blanco seco
2 cucharadas de nata líquida (optativo)
2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
1 cucharada de perejíl fresco picado
1 ó 2 hojas de laurel
unos “golpes” de molinillo de pimienta blanca
Pelar y cortar en rodajas finas la cebolla y el o los hinojos, y estofar en una sartén con aceite hasta que queden translúcidos y algo reducidos. Con ellos, y las hojas de laurel, poner una cama en una fuente de horno de tamaño adecuado para la o las doradas (que deben caber justitas para que no haya superficies vacías de calentamiento excesivo). Regar con el vino, espolvorear con la pimienta y meter al horno precalentado de 15 a 20 minutos (dependiendo del tamaño de las doradas).
Cuando estén en punto, puede procederse de dos maneras:
-Sacar la fuente del horno y servir directamente, espolvoreadas de perejíl picadito.
-Sacar la fuente del horno, Retirar con cuidado la o las doradas a un plato caliente (si se prefiere, quitarles la piel ayudándose de 2 cucharas) y pasar el fondo con la cebolla y el hinojo (que ha de quedar caldoso) por el pasapurés o la turmix. Verter el puré en la fuente de servir precalentada. Añadirle la nata -a temperatura ambiente o levemente templada para que no enfríe la salsa- sin mezclar totalmente para que quede una salsa amarmolada, y colocar encima la o las doradas espolvoreadas con el perejíl picado.
Servir inmediatamente, acompañada con patatas y zanahorias al vapor aromatizado con laurel o eneldo.


